
Después de comer y después de un
breve descanso, nos dirigimos algunos padres del Colegio y yo nuevamente hacia
la Plaza San Pedro. Llegamos cerca de las 4:00 de la tarde; entramos por un
costado y al levantar la vista, observamos que la Plaza estaba repleta de
personas con sus paraguas abiertos por la lluvia de manera que se figuraba como
un gran tapete multicolor que embellecía el corazón de la Iglesia, no cabía duda que era muchisima más gente
que por la mañana, poco a poco nos fuimos abriendo paso entre la multitud, hasta
que logramos encontrar un buen lugar y sobretodo cercano a la Basílica. Desde
que salimos del Colegio Mexicano la lluvia no cesaba, pero esto no era motivo
para que la gente siguiera llegando a la Plaza; San Pedro pasó un tiempo y decidí
comenzar a rezar el rosario, le pedía a Dios que hablara a través de los
cardenales de manera que suscitara un pastor que guiara con sencillez a la
Iglesia y extendiera el Evangelio hasta los lugares donde aun no se conoce a
Cristo. Cuando terminé rezar el rosario, comencé a observar a las personas que
estaban a mis alrededores, sus rostros, sus expresiones, sus actitudes, todos
coincidíamos en el mismo deseo: un Papa para la Iglesia en este mismo día; esto era sencillo de
deducir pues todos volteaban constantemente a observar la fumata por donde saldría
el humo que indicaba un papa para la Iglesia. Pasadas las 5:30 la gente se veía
más relajada pues era muy probable que la primera votación de la tarde no era
suficiente para la elección, de manera que había que esperar de las 6:30pm en
adelante para observar que pasaba. Cuando llegó la hora se escuchó rápidamente
los gritos de: Humo blanco, humo blanco, y todos comenzamos a movernos para ir
hacía el frente, los rostros se veían felices, algunos acompañaban este gozo
con algunas lágrimas. Y entonces la lluvia por fin había cedido. Cuando vi el
humo blanco No lo podía creer, se me enchinó la piel, de mi rostro no se podía
borrar la sonrisa y al Igual que todos grité: Habemus Papam! Habemus Papam!
¡Viva el Papa! En ese momento la Plaza se llenó de gran emoción; Yo intente
tomar un par de fotos pero no podía lograrlo pues la emoción me invadía y no
podía sostener la cámara con buen pulso; por otra parte todavía había que esperar cerca de una
hora más para conocer quién sería nuestro nuevo Papa. Algunos jóvenes seguían
gritando ¡Viva el Papa! ¡Viva el Papa! (es bueno hacer notar que en la Plaza
había una cantidad enorme de jóvenes provenientes de muchas naciones). En
ocasiones se escuchaba cantar como a una sola voz la Salve Regina; pero la pregunta estaba hecha en cada persona
¿Quién será? ¿Cómo se llamará? Así pasó el tiempo, entre coros, gritos, vivas,
y rezos, hasta que por fin se abrió la cortina y salió el cardenal diácono, en
ese momento toda la gente hizo silencio absoluto, guardaba profunda atención
para escuchar la voz nerviosa del Cardenal Jean-Lois Tauran: “Annuntio vobis gaudium magnum! Habemus Papam! Eminentissimum ac
Reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium Sanctae Romanae Ecclesiae
Cardinalem Bergoglio qui sibi nomen imposuit Franciscum.”
La
gente estalló de emoción y se comenzó a corear el nombre de 'Francesco',
'Francesco', 'Francesco'. Y el momento esperado llegó, se abrió nuevamente la
cortina salía la cruz procesional e inmediatamente después 'el Santo Padre'
totalmente de Blanco, todos estábamos profundamente emocionados de verlo. Su
saludo fue cálido y familiar: “hermanos y
hermanas, buenas tardes”. Toda la gente al igual que yo estábamos
asombrados por escucharlo hablar de una manera tan sencilla y familiar; el Papa
de inmediato, nos pidió hacer oración por papa emérito Benedicto XVI, nos
unimos todos con la oración que Jesús nos enseñó, con el avemaría y dimos
gloria a Dios. El que nos pidiera orar por Benedicto nos alegró, y cómo no
hacer oración por el Papa emérito que se ha crucificado a la cruz de Cristo y
que allí se encuentra en continua oración por nosotros, por la Iglesia. Luego
pidió que nosotros hiciéramos oración por él, y así lo hicimos. Creo que el pueblo
entero se compenetraba con el pastor.
Las
palabras de Su Santidad Francisco eran claras y sencillas. “Y ahora,
comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que
es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad,
de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por
el otro”. el mensaje era claro, es decir orar unos
por otros hasta convertirnos en hermanos. A todos nos paso por la mente que estábamos
ante un hombre muy sencillo y humilde. Ya en la casa me ponía a reflexionar
que no solo teníamos de frente al Santo Padre sino a un verdadero hombre de
oración fraternal, me refiero a un hombre que ha sabido ir de la comunión sacramental
a la comunión fraternal. El gesto de Oración y fraternidad que tuvo y al cual
nos movió con el Papa emérito hacía eco en las palabras de “Recemos siempre
por nosotros: el uno por el otro”.
Es
difícil olvidar a un hombre sencillo y sabio como lo es el Papa emérito a quien
amamos y por quien hemos sido formados en la Fe, más aun que nos ha dado un
ejemplo de renuncia y desapego; como olvidar su rico magisterio, sus tantos
libros tan sesillos y profundos, su Fe encarnada. Pero cuando en la Plaza se
gritaba el nombre de Francesco o se saltaba de emoción por el humo blanco, quedaba claro como lo habíamos notado tiempo atrás en Visita de Benedicto a México, que la Iglesia ama y cree en el
Papa independientemente de la persona que represente su ministerio; pues, "el Romano Pontífice y sucesor de San Pedro, es el principio y
fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la
muchedumbre de los fieles” (LG23).
Es por eso que gritamos ¡Viva el Papa! Sea diocesano o religioso, italiano,
polaco, alemán, latino u otro, siempre será el Papa y creo que jamás habrá un
papa extranjero pues la Iglesia es siempre la Misa y la Única, el Papa siempre será
el representante de Cristo en la Tierra, el Sucesor del Apóstol Pedro. ¡Viva el
Papa!