viernes, 7 de junio de 2013

El rincón del silencio


El domingo, navegando un poco por el facebook, mientras esperaba un tiempo para acortar las distancias físicas con mi familia, me encontré con una fotografía que me conmovió hasta lo más profundo, me hizo recordar cuando me enamoré; se trataba de un pequeño rincón en la puerta del Templo parroquial en el que crecí tanto en mi Fe como físicamente, aunque en esto último debo confesar que no tanto. Allá por los años noventa solía, sábado tras sábado, pasarme un buen tiempo sentado fuera de mi parroquia, justamente en el pequeño escalón que da acceso al Templo y, recargado siempre en la columna de donde nace el campanario. Me gustaba ese lugar, creo que tiene algo de mágico; encerraba a la vez el ruido del trafico de la avenida que pasa a un costado del Templo, como el silencio que se producía al encontrarse uno mismo en esa soledad física donde no hay interlocutores, ajetreos, ni temores.
Realmente en ese lugar me enamoré, no puedo negarlo. ¡Ah cómo me encantaba pasar el tiempo en ese rincón! Mi rincón del silencio. Los ruidos y los silencios convenían en un solo sitio para dar paso al amor. Siempre sentado en aquel rincón solía observar la enorme pared blanca que se levantaba concediendo solo al final de esta un espacio para tres ventanas; mismas que dejaban pasar luz suficiente para iluminar el recinto sagrado donde se encontraba el Señor sacramentado.
Es cierto que al principio pensaba en muchas cosas, mis pensamientos iban y venían por los problemas y alegrías que había tenido en la semana; pensaba en los compañeros de la escuela, en los amigos, en el grupo parroquial, en fin; al pasar el tiempo comenzaba hablar de esto a Dios, imaginándome que mi pensamiento volaba recorriendo la pared blanca y al igual que la luz entraba en la capilla del Santísimo, así comencé a dar pasos en la oración. Sin embargo también me di cuenta que no necesitaba hablar siempre, sino que antes de hablar necesitaba escuchar. En ocasiones intente cantar algo en voz baja, pero desistí por dos sencillas razones, la primera es porque no se cantar y a mi juicio creo que nunca lo he hecho bien y, la segunda pues porque, debo confesar, nunca me ha gustado mucho el canto religioso, prefiero el canto litúrgico o sacro, que tampoco logro cantar bien. Una cosa si me quedaba clara, había que afinar el oído y el corazón para escuchar lo que Dios me decía en aquel lugar.
Aprendí también que en la oración hay dos cosas muy importantes Escuchar y Responder. Toda conversación consiste en una persona que emite un mensaje y otra que responde; así también es la oración. Nuestra respuesta no siempre es verbal, pues la mayoría de las veces nuestra respuesta en la oración debe ser la acción. Las personas viven a menudo llenas de prisas, de ruidos, de preocupaciones, que terminan olvidando hacer silencio. Me entristece ver todos los días a los jóvenes con audífonos todo el día; los encuentro en el camión cuando voy a la universidad, en la misma universidad y hasta para hacer ejercicio. Será muy difícil a alguien que no fue educado en el silencio poder hacer oración, pues aun cuando intente hacerla le será muy difícil mantener un dialogo con Dios, solo hablará de sí mismo y consigo mismo. En la dinámica de la oración tenemos que retraernos de nosotros mismos para hacerle un espacio a Dios; pues sin su presencia, solo se convierte en un monologo egoísta. El silencio nos ayuda a escuchar. Solo el que guarda silencio sabrá escuchar al otro; en el caso de la oración, debemos escuchar a Dios.
El primer mandamiento es Escuchar; Shemá Israel… Sólo el que escucha puede responder asertivamente. Enzo Bianchi, en su libro titulado ‘Por qué orar, Cómo orar’, dice que “la oración auténtica brota donde hay escucha”; pues de Dios es la Palabra, del hombre la escucha. Recordemos la respuesta que el joven Samuel dio a la voz que le llamaba: “habla Señor que tu siervo escucha” (1Sam 3,9). Nuevamente debo decir que sólo el que ha aprendido a guardar silencio podrá escuchar con claridad a Dios. En las parroquias muy a menudo se hacen retiros juveniles o de adultos para presentarles el Amor de Dios, cosa que es loable y preciosa, sin embargo resulta que el entusiasmo del encuentro con Dios dura sólo un tiempo y, poco a poco, las personas comienzan a abandonar los grupos. En cierta parte es lógico, pues ¿Cómo se puede mantener una relación si no se habla a menudo con el otro? ¿Cómo podemos mantener vivo el encuentro con Dios si no le volvemos a prestar atención? Recuerdo que en la adolescencia asistí a un encuentro de grupos juveniles a nivel regional, donde la cantidad de jóvenes era demasiado grande, sin embargo pude relacionarme con algunos de ellos, que prometimos escribirnos y telefonearnos, pero sólo hablamos en una ocasión así que terminamos por olvidar esa relación, yo incluso terminé olvidando los nombres. Lo mismo pasa en la relación con Dios, cuando no se les enseña a respetar esa relación con Dios, ha hacer una oración personal e intima con Dios, difícilmente podrán permanecer en los grupos; antes que las dinámicas y actividades pastorales necesitan encontrarse a diario con Dios. Romano Guardini dice que “el hombre más que de las cosas, tiene necesidad de Dios.”
La segunda cosa que el rincón del silencio, me enseño es a responder. Responder no es cosa sencilla, porque toda respuesta implica un verdadero convencimiento personal. A menudo me dice la gente que se les dificulta hacer oración, a lo que yo siempre pregunto lo mismo ¿Qué y cómo le hace? Me he dado cuenta que cuando hacen oración, la gente se pone de frente al Señor externándole la situación, sin embargo antes de comenzar a hacer la oración ellos ya tienen su propia respuesta, y creen saber qué es lo que tienen que hacer, sin embargo esa oración termina siendo un monólogo de ellos mismos en la que nunca dejan intervenir a Dios. De Dios viene toda respuesta, y nosotros debemos aprender a responder. La respuesta puede ser un simple rezo, un sentimiento de paz, o una acción. No podemos decir que hemos hablado con Dios y luego no hacer lo que él nos pide, eso no es una verdadera relación de amor. En el rincón del silencio hay que aprender a responder, a veces será difícil, sin embargo siempre será lo mejor para nosotros.
Definitivamente el rincón del silencio, fue un verdadero maestro de la oración, de éste aprendí a orar, a escuchar y responder y, la respuesta que di no ha sido fácil, sin embargo me ha traído una gran felicidad. Así que “cuando hagas oración entra en tu cuarto cierra la puerta y ora a tu padre que está allí en lo secreto” (Cfr. Mt 6,6).

sábado, 18 de mayo de 2013

De Babel a Pentecostés



Hace ya un buen tiempo me comentó Rodo sobre una reflexión que había hecho que, si mal no recuerdo, llevaba por título Don de lenguas; esta había sido una reflexión muy personal pero que compartió con algunos estampándola en el pizarrón de un alma peregrina (como es que subtitula su blog), el punto es que muchos le habían criticado, algunos bien, otros mal pues todos daban su opinión sobre lo que significaba este don. En resumen el texto expresaba que para él el verdadero don de lenguas era la caridad. Hoy al celebrar la Solemnidad de Pentecostés el Cardenal Sandoval nos decía que muchas veces la persona del Espíritu Santo es la más olvidada en la Iglesia y, que algunos hermanos lo han tomado como bandera diciendo orar al Espíritu Santo pero la mayoría de las veces se quedan más en los signos que en vivir la verdadera presencia del Espíritu en su vidas, pues lo que parece en un día una oración infundida por el mismo Espíritu al día siguiente su comportamiento dice totalmente lo contrario. Pero lo que más me llamó la atención fue cuando dijo “las lenguas del espíritu son dos la Fe y el Amor”.

Días atrás yo había reflexionado sobre la persona del Espíritu Santo en el pasaje de pentecostés y en el texto de Lumen Gentium 4, también trataba de incluir e mi oración personal algunas frases de los prefacios y anáforas de Misa. A esto me surgían las preguntas ¿Cómo habla el Espíritu Santo? ¿Cómo es que santifica a la Iglesia? ¿Cómo realmente tenemos que vivir en el Espíritu? Pero las palabras del cardenal me dieron cierta paz. Por una parte la Fe nos lleva a la unidad, pues podemos creer en muchas cosas pero al final todos buscamos la felicidad que no se acaba y que no tiene fin, es decir la santidad, y esta se encuentra solo en Dios de manera que si ponemos nuestra confianza en Dios, ciertamente la Fe nos llevará al otro, y en el otro está Cristo y en Cristo la Iglesia y juntos podemos ir al Padre. Y por la otra, la Caridad me llevará siempre a ser próximo para el otro; la caridad me dejará salir de mi mismo, de mi egoísmo y de mis falsos poderes y aspiraciones egoístas, para buscar la unidad con mi hermano. Es así que la Fe y la Caridad me dan Esperanza de una vida santamente feliz; pues el Padre con la fuerza del Espíritu Santo, da vida y santifica todo.

Hay que recordar que en el pasaje de la torre de Babel encontramos que el pueblo era de un mismo lenguaje, todos se entendían pero tratando de construir con sus propias manos un camino al cielo acabaron por destruir su misma capacidad de comprenderse recíprocamente (Benedicto XVI). Por otra parte, en el pasaje de Pentecostés encontramos que los discípulos de Jesús se encontraban reunidos con un mismo objetivo y al bajar el Espíritu Santo quedaron llenos de este y se pusieron a hablar en lenguas y cuando se congregó la gente cada uno les oía hablar en su propia lengua (Hch 2,1-13). Es decir que lo que se había dividido en babel se reunificaba en Pentecostés. Del pueblo dividido a la Iglesia unida en el Espíritu; como bien expresa el prefacio de la Anáfora de la reconciliación II, el Espíritu mueve los corazones para que los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano y los pueblos busquen la unión. Es de esta manera que la unidad con el hermano es el signo por el que obra el Espíritu en la Iglesia.

Ciertamente muchos hermanos han presenciado en las asambleas de oración (carismática) una especie de lenguaje que no se comprende, muchas veces llamado don de lenguas o don espectacular; sin embargo muchos hermanos nuestros se quedan con este tipo de experiencia, dándole más importancia a “la manifestación” que se olvidan de escuchar o abrirse realmente al Espíritu. Hay que recordar que el Espíritu Santo, también es llamado “Espíritu de Amor”, y si Él es el Amor, definitivamente debe suponerse que quien se mueve en el espíritu debe amar. Más aun creo, en la personal, que si de alguien se dice haber hablado en lenguas, este alguien necesariamente no puede odiar, criticar o estar enemistado con otro pues como la hemos notado el Espíritu Santo nos lleva a la unidad, nos hace “que desaparezca todo obstáculo en el camino de la concordia”.

Recuerdo que en el catecismo me dijeron que los ‘dones del Espíritu’ son siete, a saber: Sabiduría Inteligencia, Fortaleza, Concejo, Ciencia, Piedad y Temor de Dios; pero el Catecismo de la Iglesia Católica, el cual creo que todos debemos de leer y estudiar en este Año de la Fe, dice que “Dios es Amor y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”. Sin duda todos debemos estar orientados a buscar la unidad en la Iglesia, con el prójimo. Vivir los dones de Dios siempre nos llevará a ser testigos de Cristo para el hermano, aquellos que dan testimonio de la Nueva Vida en Cristo.

Las lenguas del Espíritu Santo son la Fe y el Amor decía el Cardenal Sandoval. Creo que hoy debemos de vivir y hablar en lenguas del Espíritu, pues solo la Fe y el amor garantizarán una verdadera obra de Dios en nuestras vidas, una verdadera transformación. La Fe y el Amor no pueden ser efímeras, llamaradas de petate como decimos coloquialmente, sino deben ser un verdadero proyecto de vida; dejar que el Espíritu hable significa que debemos entregarnos en el amor al otro, sin reservas. Sin embargo para que esto suceda debemos ser verdaderos Templos del Espíritu, donde él se mueva y gobierne, hable y renueve, inspire y vivifique. La tarea no es fácil. Hoy descubrimos un sinfín de comunidades, movimientos, grupos, etc. donde encontramos un auxilio, un espacio para poder orar, y en este ambiente expresamos nuestro sentir de Dios, hablamos de él y con él; pero la oración no llega a ser realmente una relación estable con Dios porque nuestro cuerpo no está dispuesto para ello, no es templo del Espíritu, pues preso muchas veces de la sensualidad y sexualidad o de cualquier otro tipo de placer, nos dejamos mover por un espíritu distinto, que no es el Espíritu de Dios, sino del egoísmo, de la sexualidad mal entendida, de la corrupción expresada de muchas maneras en todos los ambientes y en todas las edades.

Sin embargo el Espíritu santifica al hombre, a la Iglesia. Sus Lenguas de Fe y Amor son las que nos llevaran a tener un corazón indiviso y llenó del Espíritu. Hoy debemos pasar de ese corazón dividido y muchas veces prostituido al tenerlo puesto en ídolos como diría el papa Francisco y no en Dios, a un corazón completamente abandonado al Amor, al Espíritu que lo llena de Vida y de Paz. Sus Lenguas de Fe y Amor son motor de la Iglesia y del Hombre, pues sólo en el Espíritu podemos decir al Señor, Ven; solo en ellas nos atrevemos a ser verdaderos cristianos, y solo en Él tenemos la vida plena.

Felices Fiestas de Pentecostés, Feliz fiesta de la Unidad con el hermano, del amor al prójimo y de retorno a la Vida.

jueves, 25 de abril de 2013

Pecadores y Fariseos


Ver constantemente en el internet, en páginas de periódicos, en las redes sociales, en correos-cadenas, entre otros, una constante crítica contra la Autoridad, dígase civil, moral o religiosa; sobre todo en la persona del presidente o de cualquier político de izquierda o de derecha es algo que me ha cansado. Mucha gente levanta la mano para señalar el error de alguna palabra mal pronunciada en el caso de nuestro presidente, del error de alguien del gobierno, que en muchas ocasiones es un acto corrupto. Se señala al que se equivoca, al que roba, al que mata, al que expresa, etc. De antemano se que muchas ocasiones el levantar la mano y ‘denunciar’ o ‘anunciarlo’ es fruto de una desesperada impotencia contra aquello que nos molesta, nos lacera o peor aun nos vemos envueltos en tal o cual cosa porque nosotros mismos obramos también así.
Por una parte, me agrada que muchos amigos míos, incluso hasta compañeros hacen relecturas de los acontecimientos que vivimos en nuestra actividad organizacional: política y cívica; pues creo que el actor social, hoy por hoy, no debe ser solamente el político o el empresario sino todo ciudadano incluyendo a los niños, a los adolescentes y a los jóvenes. Es muy bello conocer padres de familia que han enseñado a sus hijos a hacer con conciencia el ejercicio democrático del voto, más aun buscar el bien común ejerciendo sus derechos y deberes con respecto a la sociedad. En mi caso yo me siento afortunado de la familia en la que crecí por tantísimos ejemplos y virtudes que me han formado; por poner un ejemplo concreto, aprendí a amar mi colonia, las áreas verdes, cuando mi padre nos ponía a mi hermano y a mí, a quitar la hierba que había crecido en el parque de la colonia en la que crecíamos, o hacerle arriates a los árboles del parque, regarlos, entre otras tareas; todo esto sólo tenía por paga el placer de hacerlo, de haber contribuido con nuestra sociedad.
Hoy encontramos colegios que promueven un día para que los papás y sus hijos planten un árbol en algún bosque, pinten la escuela, limpien un terreno, entre otros, yo por mi parte el plantar un árbol lo aprendí de mi padre en la baqueta de nuestra casa. El trabajo de las escuelas es un gran esfuerzo porque se busca que el niño o adolescente se introduzca en la sociedad y aporte a ella; me refiero a que estas jornadas de trabajo que los colegios organizan son verdaderamente buenas dado que se lleva a los niños a la Pro-Acción.
Lamentablemente en las redes sociales, como ya he dicho arriba, se encuentra la crítica muchas más veces destructiva que constructiva o pro-activa. Solamente se señala pero no se compromete, aunque existen algunas gratas excepciones. Valoro en gran manera las frases, comentarios y demás, que nos proponen otras formas de caminar en la justicia y en el amor, tal como ConParticipación; aunque también me gusta leer los blogs de Nacho y Rodo.
San Juan en el evangelio nos cuenta que en cierta ocasión una multitud de escribas y fariseos le llevaron a una mujer que la habían sorprendido en flagrante adulterio y poniéndola en medio de todos los que allí se encontraban (Jesús, los que estaban con Jesús, los escribas y fariseos) sin más revelaron señalando su pecado, la falta que había cometido a la pureza y a la integridad de su persona y de la sociedad, en pocas palabras pusieron al desnudo su persona y pisotearon su buena fama. El texto dice que le preguntaron a Jesús qué hacer con ella pues la Ley mandaba lapidarla; sin duda alguna los escribas y fariseos tal vez querían hacer cumplir la Ley y tal vez salvaguardar el orden y la paz social del pueblo, sin embargo al parecer a los aplicadores de la Ley y a los ciudadanos de aquel pueblo se les había olvidado el bien y el respeto del hombre, de manera que no veían que con la sentencia se volvían igual o peor del que había cometido el pecado, se les había olvidado la experiencia de perdón y misericordia que Yahvé había tenido con ellos al rehacer la alianza tantas veces como ellos la quebrantaban… Las palabras pronunciadas por Jesús sonaron sorpresivas e inesperadas por los acusadores que señalaban a la mujer, tal vez porque esperaban por respuesta algo distinto para poder acusarlo, sin embargo la sentencia fue “el que no tenga pecado, que arrojé la primera piedra”; luego cuando se encontró a solas con la mujer le corrigió el camino: “Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, y en adelante no peques más” (Cfr. Jn 8, 1-11). San Juan apunta que los primeros en irse fueron los ancianos, curiosamente aquellos de los que se esperaba la sabiduría, la prudencia, el entender la vida, el amor al prójimo y el trabajo por acercar los hombres a Dios y a la sociedad. Cuando leo este pasaje joánico, me viene a la mente siempre los viejos del relato de la casta Susana, que por obedecer a sus pasiones fueron presos de la mentira y la difamación, además recuerdo a Daniel que les señaló, al pueblo, hacer un juicio justo. Por otra parte viene a mi memoria que “a nadie le es lícito lesionar ilegítimamente la buena fama de que alguien goza, ni violar el derecho de cada persona a proteger su propia intimidad” (CIC 220). Pero mi intención no es insistir en los ancianos del evangelio, sino reflexionar sobre nuestros juicios hacia los hermanos que han equivocado el camino de la justicia y que sus acciones nos han llevado a emitir nuestro juicio u opinión.
Por una parte el ser autoridad conlleva a siempre es estar sujetó a la opinión de los otros. Pero en el caso del evangelio la mujer no era autoridad, ni mucho menos pues para ese tiempo la mujer era ‘valorada’ como ahora; es decir que esta mujer había pecado, había cometido el error como ya se mencionó arriba, y la sociedad haciendo el juicio resolvía en la muerte de aquella, además de haberle destruido su buena fama al mostrar su pecado ante todos. En nuestro tiempo también solemos emitir juicios y opiniones; estos ¿Los hacemos buscando la muerte o el desnudo del otro? o ¿los hacemos como Jesús buscando la justicia y misericordia para el otro, respetando su dignidad? Ciertamente, cuando hablamos de las personas a quien consciente o inconscientemente hemos puesto como autoridad o simplemente estos no son los que nosotros quisiéramos, el juicio oscila entre la indiferencia, el descredito y por otra parte la crítica o el desnudo de sus errores que muchas veces va siempre acompañado de ira. Pero las palabras de Jesús son claras “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra” y el “Yo tampoco te condeno. Vete, y en adelante no peques más”. El juicio de Jesús a aquella mujer, a diferencia del de los ancianos y los fariseos, fue propositivo: en adelante no peques más.
Es imposible no emitir juicios o hacer críticas, por lo que sería bueno hacerlas desde Cristo, desde la misericordia y el perdón, desde la corrección fraterna, desde el respeto a la fama de los demás, desde la pro-acción como tantas personas y obras, que en lugar de estar señalando y desnudando a los demás ante la sociedad, se preocupan por buscar construir el tejido social o dicho de mejor manera: buscan seguir construyendo el Reino de Dios.
 

jueves, 14 de marzo de 2013

¡Viva el Papa!

Al terminar la clase con la Dra. Michelina Tenace, salí rápido del salón con el objetivo de llegar a la Plaza San Pedro, pues por la mañana tenía entendido que habría dos votaciones para la elección del nuevo Papa, al salir de la Universidad sentí unas ligeras gotas que se convirtieron en una lluvia constante, de manera que busque comprar un paraguas con alguno de los vendedores ambulantes. En la plaza había una gran cantidad de gente de todas partes. La emoción era grande por parte de todos, algunos comentaban que era muy difícil que se decidiera en la mañana, otros incluso especulaban que muy probablemente podría darse el jueves, incluso algunos decían que hasta podía darse el viernes por la mañana; sin embargo aun con estas opiniones tan diversas nadie abandonaba la Plaza. Después de unas par de horas se escuchó el murmullo de la gente indicando la noticia del humo negro. De manera que solo fue en ese momento cuando comenzamos a caminar hacia la calle para tomar el camión y regresar a casa. Por el camino comentamos de esto, así como también fue el tema central de la comida, nadie hablaba de otras cosas todos de intentaban dar sus opiniones, en ocasiones muy diversas; pero en lo que todos coincidíamos era que la elección de un Papa sólo es tarea del Espíritu Santo que guía a la Iglesia través de los cardenales.

Después de comer y después de un breve descanso, nos dirigimos algunos padres del Colegio y yo nuevamente hacia la Plaza San Pedro. Llegamos cerca de las 4:00 de la tarde; entramos por un costado y al levantar la vista, observamos que la Plaza estaba repleta de personas con sus paraguas abiertos por la lluvia de manera que se figuraba como un gran tapete multicolor que embellecía el corazón de la Iglesia, no cabía duda que era muchisima más gente que por la mañana, poco a poco nos fuimos abriendo paso entre la multitud, hasta que logramos encontrar un buen lugar y sobretodo cercano a la Basílica. Desde que salimos del Colegio Mexicano la lluvia no cesaba, pero esto no era motivo para que la gente siguiera llegando a la Plaza; San Pedro pasó un tiempo y decidí comenzar a rezar el rosario, le pedía a Dios que hablara a través de los cardenales de manera que suscitara un pastor que guiara con sencillez a la Iglesia y extendiera el Evangelio hasta los lugares donde aun no se conoce a Cristo. Cuando terminé rezar el rosario, comencé a observar a las personas que estaban a mis alrededores, sus rostros, sus expresiones, sus actitudes, todos coincidíamos en el mismo deseo: un Papa para la Iglesia en este mismo día; esto era sencillo de deducir pues todos volteaban constantemente a observar la fumata por donde saldría el humo que indicaba un papa para la Iglesia. Pasadas las 5:30 la gente se veía más relajada pues era muy probable que la primera votación de la tarde no era suficiente para la elección, de manera que había que esperar de las 6:30pm en adelante para observar que pasaba. Cuando llegó la hora se escuchó rápidamente los gritos de: Humo blanco, humo blanco, y todos comenzamos a movernos para ir hacía el frente, los rostros se veían felices, algunos acompañaban este gozo con algunas lágrimas. Y entonces la lluvia por fin había cedido. Cuando vi el humo blanco No lo podía creer, se me enchinó la piel, de mi rostro no se podía borrar la sonrisa y al Igual que todos grité: Habemus Papam! Habemus Papam! ¡Viva el Papa! En ese momento la Plaza se llenó de gran emoción; Yo intente tomar un par de fotos pero no podía lograrlo pues la emoción me invadía y no podía sostener la cámara con buen pulso; por otra parte todavía había que esperar cerca de una hora más para conocer quién sería nuestro nuevo Papa. Algunos jóvenes seguían gritando ¡Viva el Papa! ¡Viva el Papa! (es bueno hacer notar que en la Plaza había una cantidad enorme de jóvenes provenientes de muchas naciones). En ocasiones se escuchaba cantar como a una sola voz la Salve Regina;  pero la pregunta estaba hecha en cada persona ¿Quién será? ¿Cómo se llamará? Así pasó el tiempo, entre coros, gritos, vivas, y rezos, hasta que por fin se abrió la cortina y salió el cardenal diácono, en ese momento toda la gente hizo silencio absoluto, guardaba profunda atención para escuchar la voz nerviosa del Cardenal Jean-Lois Tauran: “Annuntio vobis gaudium magnum! Habemus Papam! Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Bergoglio qui sibi nomen imposuit Franciscum.”

La gente estalló de emoción y se comenzó a corear el nombre de 'Francesco', 'Francesco', 'Francesco'. Y el momento esperado llegó, se abrió nuevamente la cortina salía la cruz procesional e inmediatamente después 'el Santo Padre' totalmente de Blanco, todos estábamos profundamente emocionados de verlo. Su saludo fue cálido y familiar: “hermanos y hermanas, buenas tardes”. Toda la gente al igual que yo estábamos asombrados por escucharlo hablar de una manera tan sencilla y familiar; el Papa de inmediato, nos pidió hacer oración por papa emérito Benedicto XVI, nos unimos todos con la oración que Jesús nos enseñó, con el avemaría y dimos gloria a Dios. El que nos pidiera orar por Benedicto nos alegró, y cómo no hacer oración por el Papa emérito que se ha crucificado a la cruz de Cristo y que allí se encuentra en continua oración por nosotros, por la Iglesia. Luego pidió que nosotros hiciéramos oración por él, y así lo hicimos. Creo que el pueblo entero se compenetraba con el pastor.

Las palabras de Su Santidad Francisco eran claras y sencillas. “Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro”. el mensaje era claro, es decir orar unos por otros hasta convertirnos en hermanos. A todos nos paso por la mente que estábamos ante un hombre muy sencillo y humilde. Ya en la casa me ponía a reflexionar que no solo teníamos de frente al Santo Padre sino a un verdadero hombre de oración fraternal, me refiero a un hombre que ha sabido ir de la comunión sacramental a la comunión fraternal. El gesto de Oración y fraternidad que tuvo y al cual nos movió con el Papa emérito hacía eco en las palabras de “Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro”.

Es difícil olvidar a un hombre sencillo y sabio como lo es el Papa emérito a quien amamos y por quien hemos sido formados en la Fe, más aun que nos ha dado un ejemplo de renuncia y desapego; como olvidar su rico magisterio, sus tantos libros tan sesillos y profundos, su Fe encarnada. Pero cuando en la Plaza se gritaba el nombre de Francesco o se saltaba de emoción por el humo blanco, quedaba claro como lo habíamos notado tiempo atrás en Visita de Benedicto a México, que la Iglesia ama y cree en el Papa independientemente de la persona que represente su ministerio; pues, "el Romano Pontífice  y sucesor de San Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles” (LG23). Es por eso que gritamos ¡Viva el Papa! Sea diocesano o religioso, italiano, polaco, alemán, latino u otro, siempre será el Papa y creo que jamás habrá un papa extranjero pues la Iglesia es siempre la Misa y la Única, el Papa siempre será el representante de Cristo en la Tierra, el Sucesor del Apóstol Pedro. ¡Viva el Papa!